jueves, 26 de junio de 2014

La moderna China

    El contacto del mundo occidental debía forzosamente despertar a la China de su sueño letárgico. Un reciente movimiento revolucionario ha destronado la vieja dinastía Manchú, y en febrero de 1912 el tradicional imperio celeste quedó convertido en la República constitucional. Anteriormente, en la esfera económica, los chinos habían sentido la necesidad de crear el utilaje económico indispensable a los estados modernos. En este inmenso territorio, de más de 11 millones de kilómetros cuadrados, 10.000 kilómetros de ferrocarril han sido construídos en pocos años, lo que supone un próspero porvenir industrial, si bien para llegar a la densidad de vías férreas que tienen los Estados Unidos aun le faltan construir más de 450.000 kilómetros.


    Almanaque Bailly-Bailliere. Madrid, 1914


     La nueva China

    La república china ha venido a aumentar el número de tantas repúblicas como hay en el mapa político. Tiene de singular que, además de ser la más extensa y la más poblada de todas las repúblicas del mundo, era la menos esperada.

     China contemporánea.

     La China es casi una desconocida para los occidentales. Sus relaciones con el antiguo europeo son vagas e imprecisas.
       El primer viajero que habló del país, por heberlo visitado, fué Marco Polo, allá en 1274; los primeros blancos que entraron en relaciones con los amarillos de la China fueron problablemente los portugueses, que se instalaron al Sur, en Macao, en 1553; los rusos al Norte, con sus establecimientos en la Siberia, en los siglos XVI y XVII.
       El primer cañonazo de la "penetración" europea en China no sonó hasta 1841. La guerra anglochina, llamada del opio, acabó por el tratado de Nankin (29 de agosto de 1842), que abrió al comercio europeo los cuatro puertos de Amoy, Fu-Tcheu, Ning-Po y Chang-Hai.
        El primer tratado con los "Diablos de Occidente" provocó el primer movimiento xenófobo, con la revuelta de los Taipings o pabellones negros, cuyas consecuencias fueron el bloqueo de Cantón por las flotas aliadas, la segunda capitulación del Hijo de Cielo, los grandes tratados de 1858 a 1868, la apertura de los nuevos puertos y la admisión de los representantes de las grandes potencias en la corte de Pekín.
        Posteriormente, de 1883 a 1885, la guerra con Francia, la cual se apoderó de Tokín; y de 1894 a 1895 la otra con el Japón, con la victoria de los nipones. Debido a la sangrienta insurrección de los boxers, al sitio de las legaciones, al nuevo desembarco de los aliados, a la serie, en fin, de tratados chino-europeos y chino-americanos, de 1904 a 1909, es como llegó a consolidarse el principio de la independencia e integridad de la China.

         Causas de la Revolución.

        La revolución china hízose también contra el extranjero; pero el extranjero esta vez no era el blanco, sino el manchú. Los tártaros manchúes ocupaban la china hacía 268 años. Eran unos feroces guerreros, llamados por un pueblo artista y letrado para dirimir cierta reyerta casera, de la que se aprovecharon para hacerse señores.
        La revolución estaba preparada de veinte años atrás. El Dr. Sun-Yat-Sen (nacido en 1860 en las islas Sandwich (Havai) de un padre chino educado en los Estados Unidos), médico en Hong-Kong, imbuído de la civilización adquirida en Inglaterra, América, Australia y Japón; fundador y presidente de la Joven China; viajero infatigable y conspirador perpetuo, solo había conseguido, al cabo de tres vanas tentativas insurreccionaless, ver puesta a precio su cabeza y estar en inminente peligro de muerte cuantas veces rondaba una embajada china, así fuese el mismo Londres.

        La caída del Imperio.

    Europa conoció del todo a Sun- Yat-Sen cuando supo, allá en octubre de 1911, que, estando él en Inglaterra, sus partidarios habían ganado las importantes ciudades de Outchang, Han-Yang y Han-Keu, que vienen a constituir las capitales de la China central, poniendo en fuga al virrey del Hou-pe y pasándose las tropas imperiales a la causa de la revolución.
     Yuan-Shi-Kai,  sospechoso  de revolucionario en la Corte, porque había traicionado a una y otra causa, resultó el árbitro de la situación. Hízose rogar hasta que los reformistas tomaron Han-Keu y Naskin, después de un obstinado sitio y ganaron Chang-Hai y 14 provincias de las 18 que estaban representadas en el Congreso republicano. Entonces aconsejó la abdicación imperial y aceptó la dignidad de presidente de la nueva República con título provisorio al principio, por respeto a Sun-Yat-Sen, que no quiso aceptarle.
        El 5 de febrero de 1912 se proclamó la República, y el 16 se notificó a las potencias que un imperio antiguo de 6.000 años acababa de desmorronarse en Asia.

        Almanaque Bailly-Bailliere. Madrid, 1914         

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